martes, 1 de agosto de 2017

Asesinato de Eduardo Cotto y Galib Ramos




Las vidas de Eduardo Cotto y Edgar Galib Ramos fueron apagadas trágicamente y la Policía busca a los responsables.

Eduardo Cotto Flores y Edgar Galib Ramos Nieves, ambos de 23 años, compartían más que el lugar de trabajo. Eran jóvenes luchadores que se esforzaban por cumplir sus anhelos, por echar pa’ lante a sus familias y por ayudar a quien lo necesitara.

De esta manera fueron descritos los muchachos que fueron asesinados en la noche del sábado, aparentemente, tras un altercado con un grupo de jinetes que cabalgaban por el sector Pozo Dulce del barrio Cañaboncito en Caguas.

Según se desprende del informe policial, uno de los equinos golpeó el auto en el que viajaban los encargados de cocina del negocio Ojalá Speakeasy Bar en Caguas, lo que provocó una discusión que terminó con el doble asesinato de Cotto Flores y Ramos Nieves.
Un tercer ocupante, no identificado, logró sobrevivir tras hacerse el muerto.

La noticia consternó a las comunidades de Aguas Buenas y Caguas, donde residían los occisos.
Para David Colón Almenas, propietario de Ojalá Speakeasy Bar, es un golpe muy difícil de entender, “es como si te arrancaran parte de ti, de tus hermanos, de tus hijos”, dijo para ejemplificar su dolor.
“Los admiraba mucho, porque eran muchachos muy trabajadores. Siento ira por la gente que piensa que este tipo de muerte siempre tiene que ver con drogas y bregaera en la calle. Este País está bien jodío… Yo soy abogado, defendía gente de todo tipo y esto me duele mucho, por ellos, por su familia, por mi País. Esos muchachos eran bien pobres, bien de abajo, pero también personas de mucha calidad que todos los días metían mano conmigo en el negocio, desde el primer día”, dijo sin tapujos Colón Almenas entre el llanto causado por la frustración.

De Eduardo recordó que lo reclutó hacía tres años, y aunque no contaba con preparación académica en artes culinarias, sí tenía el deseo de trabajar y aprender.

“Comenzó lavando platos. Luego tuve un cocinero que le enseñó con humildad varias cosas y Eduardo siempre estaba deseoso de aprender. Hacía de todo; si se dañaba la campana (extractor), él se trepaba al techo y la arreglaba; doblaba turno, no por el dinero, sino por ayudar”, contó.
Eduardo era padre de una niña “de la que siempre hablaba mucho”.

En el caso de Edgar, el propietario exaltó el prometedor futuro que tenía, al encargarse de la cocina del negocio por más de un año.

“Yo le exigía mucho, porque sabía que tenía potencial. Cocinaba muy rico... Todavía hay recetas de ellos escritas en la cocina”, dijo compungido.

Le celebraban el cumpleaños
El sábado pasado, los chicos cumplieron con su turno de trabajo de brunch en el establecimiento y salieron a las 3:00 de la tarde para celebrar el cumpleaños de Edgar.
Una vez en la fiesta familiar que le tenían preparada, el dúo salió –junto a otro joven– a comprar unas bebidas, sin imaginar que encontrarían la muerte.

“Edgar estaba disfrutando, bien contento. Pero luego salió con los muchachos a comprar varias cosas y nunca regresó, nos quedamos esperando con los bizcochos y todo… no le pudimos cantar”, manifestaron entre sollozos sus tías Carmen y Elizabeth Ramos.

Para ellas es una pesadilla de la que no logran despertar. Precisamente ayer, Edgar hubiera llegado a los 24 años de edad.

Ambas compartieron con Primera Hora la llegada del joven a sus vidas, cuando tan solo tenía año y medio de nacido.

“Nuestra mamá (Rosa Díaz) lo crió. Ella lo educó con mucho valor y sacrificio. Él fue un nene que había luchado muchísimo en el último tiempo y daba todo su esfuerzo. ¡Tenía un corazón inmenso!”, indicó Carmen al tiempo que era consolada por su hermana Elizabeth.

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